Por Sofía Dior

Los seres humanos tenemos la capacidad intelectual innata de apreciar la belleza en un paisaje, en una obra de arte o en los rasgos de una cara, lo bello nos inspira y eleva nuestro espíritu, nos hace sentir mejores. Sin embargo la habilidad para reconocerla y para crearla en las cosas menores, cotidianas, que no llegan a la categoría de arte, aquello que llamamos buen gusto debe ser aprendido y depende de las convenciones sociales de cada época.

La escritora francesa Simone de Beauvoir afirmó que no se nace mujer sino que se llega a serlo, es ese proceso de construcción personal el que permite, también a nosotras que nacimos en un cuerpo equivocado, llegar a ser mujeres. Así pués, cuando al mirarnos en el espejo veamos reflejada una imagen que transmite feminidad dependerá de toda una serie de acciones que antes habremos realizado para conseguirlo, un proceso que algunas llamarán transformación o feminización.

Pasar de ser aquel que aparece en la foto del DNI a alguien que puede ser contemplada como una mujer no se logra en un día, requiere pruebas, ensayos y errores, imagínación, aprender técnicas de maquillaje, a movernos con una gestualidad diferente. No solo nuestro cuerpo es erróneo sino que además en nuestra infancia no nos dejaron jugar a muñecas o trastear con el maquillaje, no tuvimos el aprendizaje que luego confiere soltura a las mujeres. No nos basta, por tanto, vestirnos con una blusa y una falda, hace falta algo más que un pintalabios rojo y una peluca barata, necesitamos un esfuerzo suplementario para conseguir todo aquello que ellas tienen con naturalidad.

Es en la mirada de los demás donde se halla el reconocimiento de lo que somos, así pués es recomendable que orientemos nuestros pasos a conseguirlo. No hace falta “encajar” completamente en lo que socialmente se considera ser mujer pero al menos es necesario un mínimo. En la mirada de los hombres (o de tantos hombres), tan mediatizada por el sexo, no es donde hallaremos esa aprobación, quizas nos dejen comentarios en el Facebook sobre lo sexy que nos encuentran pero eso es solo la mitad del camino, no es suficiente. Que una mujer nos reconozca como una de las suyas es lo que cuenta. Esa es nuestra meta.

Por ello hay que empezar preguntándose como queremos que sea nuestro alter ego femenino, que imagen queremos dar. No hace falta que lo sepamos al detalle, incluso puede ser algo intuitivo y además resultará modificado en el curso de nuestro proceso.
Es muy simple, todas sabemos lo que nos gusta y solo es necesario aliñarlo con unas gotas de realismo.

Para todas las que no se conforman con esa foto de medias, liguero, tacon alto y la cabeza cortada, para las que les gustaría mostrar la mujer que llevan dentro, elegante, con clase, sensual…(Pablo, pon aquí el nombre de la web) me brinda la posibilidad de publicar cada 15 días este consultorio en el que intentaré dar algunos consejos, que más que sobre belleza o moda tratarán sobre como orientar ese proceso de transformación que ha de llevarnos a ser la mujer soñada.

Queridas amigas, mientras esperais ansiosas el próximo artículo os dejo estos seis reflexiones para que mediteis:

1) Guiaros siempre por el buen gusto y la naturalidad. La red ya está demasiado llena de tios que se ponen calientes enseñando el culo vestidos con lingerie comprada en un sex-shop, podemos aspirar a ser algo mejor!

2) Construid vuestra imagen acorde con la edad que teneis, si ya no eres una jovencita pretender vestir como tal acostumbra a acabar en lo ridículo.

3)Cuando compreis una prenda de ropa no os dejeis llevar por la pasión y el deseo, a la modelo que la luce seguro que le queda genial pero pensad en como os quedará a vosotras. Recordad: nada de ropa ceñida y ajustada si no estais delgaditas

4)Nunca vamos a ser confundidas con una mujer. Quizas lo hagan aquellos hombres que se vuelven locos al ver una mesa camilla simplemente porque lleva faldas pero dificilmente engañaremos a una mujer. Por muy divinas de la muerte que nos pongamos siempre habrán detalles que nos traicionen: los hombros, el tamaño de las manos, nuestra falta de caderas o la voz. Tanto da, siéntete
orgullosa de ser como eres!

5) De lo que se trata es de tener una imagen lo suficientemente digna como para que los demás puedan aceptarnos. No importa si vamos de dragqueen, imitamos a Lady Gaga o nos lo montamos en plan maruja: hay que hacerlo bien.

6) No todo se basa en la ropa, la cosmética o en unos tacones más o menos altos. Igual de importante es una actitud diferente al caminar, al sentarse, en la forma de hablar y de mover las manos, porque ello nos hace creibles en nuestro papel.

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