Vreer J. Verkeke es unx activista trans* de Holanda, miembro del Steering Comittee de la Transgender Europe (TGEU), y fundadorx de Vreerverk, a quien conozco desde hace años. La primera vez que oí hablar de Vreer, le describieron como “una persona que no sabes ni de donde viene, ni a dónde va”. Mi amigo se refería a los términos de su transición de género. Cuando le conocí en persona, lo comprendí. Era imposible adivinar cual era el sexo que le habían asignado al nacer, y tampoco se podía decir claramente cual era el género que estaba encarnando en aquel momento.

Una de las anécdotas que tengo con Vreer es pasear por Nerja en pleno verano, buscando un bar donde tomar algo. Por la acera de en frente, y en sentido contrario, un grupo de hombres adultos, de unos 40 años, empezaron a cuchichear entre ellos y a señalarle “mira, mira ese”. El murmullo y las risitas aumentó, hasta que alguien soltó el inevitable “¡Maric…!”, sin embargo, el insulto murió antes de que terminase de salir de su boca, porque otro le decía “que no, que no, que es una mujer”. Nosotrxs seguimos nuestro camino (aquí tengo que señalar que Vreer habla bien en español), y el grupo de burrimastuerzos continuó el suyo, quedándose con la duda para siempre.

A continuación, te dejo una traducción de un texto que Vreer publicó sobre su propio proceso y cómo ha llegado a explorar los parajes desconocidos del género con un viaje en espiral que muchxs calificarían como “arrepentimiento”.

Traducción: Karen O. Sánchez López y Pablo Vergara Pérez

Publicación original: http://www.vreer.net/i-quit/

No sé exactamente cuándo ocurrió, pero, en un momento dado, me harté de verdad de los estrógenos. Se convirtieron en un estorbo, un obstáculo. O tal vez fue que creía en ellos. Pero todavía soy trans. Quizá aún más.

Cuando a principios de la década de los 90 decidí hacer la transición desde algún punto de la masculinidad, una persona de sexo masculino asignado al nacer, pero que nunca se identificó realmente con él, y que siempre se había distanciado del comportamiento de los niños en la escuela y en la calle, lo primero que pensé fue que seguramente yo no era más que un marica, un maricón, una reinona (bueno, por aquel entonces, todavía una princesa tímida). Como muchxs jóvenes insegurxs de su género y su sexualidad, “experimenté” durante algún tiempo con las relaciones. Tuve una especie de relación heterosexual con una mujer cis ocho años mayor que yo, y también tuve una especie de relación homosexual con un gay cis, también unos ocho años mayor que yo (pero no de la misma edad que mi pareja femenina 😉

Una experiencia reciente me hizo ver con mayor claridad que mi homosexualidad se debe principalmente a la expresión de género, y no tanto a la sexualidad. Y también tengo una hermosa bufanda por eso. Veinte y tantos años después de transicionar para alejarme de la masculinidad, finalmente conseguí la respuesta sobre esta cuestión. Podría haber sido peor.

Cuando por fin me dieron la disputadísima Luz Verde para empezar la terapia de reemplazo hormonal, estaba feliz: me colocó físicamente en el camino que estaba convencidx de que quería o que necesitaba caminar. Soy una persona sencilla, cuando estoy convencidx de algo, estoy convencid*. No es que convencerme sea particularmente fácil, pero una vez convencidx no me alejaré mucho de mis convicciones. Así que, cuando inicié la trayectoria para ser Mujer, me convertí en una fiel seguidora del protocolo y la tradición. Me tomé mis Androcur y Estradiol fielmente, cualesquiera que fueran los efectos. Me alegré (silenciosamente, porque tenía muy pocxs amigxs) con los pechos que empezaban a despuntar y, por supuesto, di por sentado que aparecerían los molestos sentimientos de depresión. Aunque también maldije al castrante Androcur. Yo creía en la ideología transexual (y me refiero a algo completamente diferente a las TERFs(1) o la Mayoría Moral). Maldije sus efectos deprimentes, seguramente unidos a el efecto emocional de los estrógenos. Tomar estos caramelos es como subir a una montaña rusa. Me eduqué a mí mismx en la carrera sociológica trans y femenina. Y todavía estoy muy satisfechx con los resultados.

Pero dejé los estrógenos unos dos años después de la cirugía de afirmación de género. Porque era *demasiado* emocional. Y yo había perdido la pista de quién sentía ser. Quién quería y necesitaba ser. Un psicólogo o un endocrinólogo menos positivo me habría etiquetado como un arrepentimiento o un abandono. Tuve la suerte de tener un endocrinólogo (Louis Gooren) que se interesó, que quiso conocer mi historia, mis razones. Y creyó en mi respuesta a su pregunta que si lo sabía antes, que si tenía remordimientos. Que era “no”, exactamente igual que cuando unos dos años más tarde decidí dejar de lado mis implantes mamarios. Había funcionado, tuvo un efecto bueno, positivo y constructivo sobre mí. La combinación de estrógenos y más tarde los implantes mamarios me permitió verme y sentirme a mí mismx más femeninx. Para los visitantes laicos: ser hombre o mujer no proviene de las hormonas o la cirugía, es una indentidad de género.

Probablemente mis compañerxs trans se asustaron por lo que hice (el 90% eran mujeres trans que se encontraban en alguna etapa de su transición). Mi desafío no sirvió precisamente para aliviar sus dudas e inseguridades acerca de sí mismxs y del mundo (principalmente, del mundo), aunque, en realidad, seguramente lo peor fue „el hecho“ de que estada dejando de lado el activo más importante para la visibilidad de las mujeres trans: un buen pecho. Y encima, dejar los E … Además, empecé a relacionarme más con bois, quasi hombres trans, chicos trans que no estaban hormonándose sobre todo porque no se sentían realmente masculinos. De alguna manera, esto hizo sonar una alarma en mi interior. Y poco después me uní a un grupo de apoyo de hombres trans abierto a todos [los hombres-no-cis] (que estaban explorando alguna manera su masculinidad) Empecé a identificarme en broma como un “hombre trans nacido en el cuerpo equivocado”. Pero no, realmente nunca me identifiqué voluntariamente como alguien masculino. Supongo que he sido femenina, y sin duda me indentifique como tal durante años (aunque, en cierto modo, en realidad me identificaba más como lesbiana, después de que lo hiciese Monique Wittig).

Después de dejar los E, he pasado uno o dos años sin ningún suplemento hormonal. No puedo aconsejarte que hagas lo mismo ¿verdad? Es malo para tu salud, te hace sufrir los efectos desagradables del Cambio, y te convierte técnicamente en post-menopáusica. Yo tuve que sufrir todos esos efectos antes de decidir que necesitaba algo para reemplazar a los estrógenos, aunque no me planteaba volver a la testosterona. Supe de algo que tenía un efecto feminizante débil, y un efecto masculinizante débil. Unx amigx míx, andróginx lo tomó, así que yo se lo conté a mi endocrinólogo y durante algún tiempo me fue bien. Quieras que no, después de la cirugía hace falta tomar algo. Y esas noches sudorosas, donde cada pensamiento tenía el efecto que normalmente sólo produce el miedo, además de la pérdida de la energía y ganas de vivir… que, además, son necesarias para poder salir de esa situación. Sin embargo, después de un tiempo dejó de ser suficiente. La alternativa era ir a por una dosis baja de testosterona. Que he ido aumentado a medida que pasan los años, hasta alcanzar la dosis media para un hombre trans, que suele ser buena, y a veces demasiado o demasiado poco.

La pregunta de los 1.000€ para muchos es: ¿he de-transicionado? ¿Me arrepentí después de todo? Me relaciono principalmente con hombres trans… Debo haber violado la primera enmienda de las mujeres trans: dejar de lado la feminidad. Menuda imagen para estos días (qué vergüenza).

Avanzamos hasta el año 2015. Ahora puedo decir (con orgullo) que he intentado ser un hombre (aunque terminé siendo un marica), he sido una mujer, y he hecho un viaje para llegar a ser algo completamente diferente, más allá de esos dos extraños cajones en los que el mundo ha intentado colocarme. A veces considero la posibilidad de tomar otras clases de T, o más T. Pero casi siempre termino por olvidarlo al darme cuenta de que las hormonas sexuales no me controlan demasiado. Y si hay un mensaje en todo esto, podría ser: haz lo que te haga sentir bien, y trata de encontrar unx médicx que tenga más interés en que seas feliz y estés sanx, que en seguir el protocolo. Y que no hay por qué arrepentirse (aunque el arrepentimiento es parte de la vida). Renunciar puede significar perfectamente viajar a géneros hasta ahora desconocidos. Ir donde nadie ha ido antes. Navegar hacia los territorios desconocidos de trans*.

(1) NdT: las TERFs son las Feministas Radicales Trans Exclusionarias, por sus siglas en inglés. Se trata de un nuevo movimiento pseudofeminista que se centra en perseguir a las mujeres trans, tratando de expulsarlas de todo espacio público (incluyendo acciones tales como comunicar que son trans a las empresas donde trabajan para que las despidan). Por suerte, este tipo de movimiento todavía no existe en España.

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