Un tópico que parece razonable.

A veces parece que a las personas cis les han repartido un manual con tópicos sobre transexualidad, y les han hecho aprenderlo de memoria para luego examinarse de la materia correspondiente, como en el colegio.

De este modo, cuando una persona manifiesta no estar conforme con el sexo que se le asignó al nacer, y está considerando la opción de asumir otra identidad de género (o identidad sexogenérica), va a escuchar muchas veces recomendaciones muy bienintencionadas de que intente quedarse en el “punto intermedio”, de que explore la “escala de grises”, que “busque el equilibrio”, etc.

Dicho así, parece algo razonable. Se entiende que el sexo está polarizado, y sólo se puede ser hombre o mujer, mientras que el género, al ser una construcción cultural, se puede modular y elegir los “lugares intermedios” entre los dos extremos “hombre” o “mujer”. Se entiende que si una persona no se siente bien con el sexo que le fue asignado al nacer, puede mitigar esta inconformidad modulando el rol de género hasta encontrar un punto intermedio o de equilibrio en el que se sienta cómoda. Eso sí ¡Sin cambiar de sexo! Porque, claro, el “cambio de sexo” es “demasiado radical”.

Esto se traduce en lo siguiente: si se te ha asignado como hombre al nacer, puedes tener pluma. Pueden gustarte los hombres (pero si te gustan las mujeres, no pasa nada), puedes dejarte el pelo largo, y puedes hacer aeróbic. Pero tienes que seguir utilizando un nombre masculino (prohibido cambiar de nombre, aunque seguramente podrías usar un apodo ridículo) y permitir que la gente se dirija a ti usando el género masculino (tú puedes decir cosas como “estoy divina”). Puedes ponerte brillo en las uñas, pendientes (pequeños) y usar ropa de colores, y el día del orgullo o en una fiesta te puedes disfrazar de mujer, siempre y cuando quede claro que es un disfraz.

Si se te ha asignado como mujer al nacer, puedes llevar el pelo corto, usar ropa de hombre, ejercer profesiones masculinas, siempre que sean de baja cualificación o relacionadas con la ciencia (pero, por ejemplo, si aspiras a un puesto alto en el mundo empresarial o en política, olvídate, que con ese look de camionera no vas a ninguna parte). Te pueden gustar las mujeres, o los hombres, pero siempre, siempre, deberás mantener tu nombre de mujer, y hablar de ti (y permitir que te hablen) en femenino.

No es admisible que te hormones suavemente hasta conseguir cambiar algunos aspectos de tu cuerpo para hacerlo más ambiguo, o que te operes de lo que consideres necesario, que cambies de nombre, o que asumas otro género con el que te sientas mejor. No es admisible, si se te asignó como hombre, que llegues a ser una chica masculina, con el pelo corto, que vista ropa de hombre y que le gusten las mujeres. Tampoco es admisible, si se te asignó como mujer, que llegues a ser un hombre femenino, con el pelo largo, pendientes y con mucha pluma.

El “punto de equilibrio” cis.

“El punto de equilibrio” cis es el que te sugiere la psicóloga que te recomendó tu tía (no sé por qué, las historias que empiezan por “mi tía me ha recomendado un psicólogo” casi nunca acaban bien), tu pareja, tus padres, y algunos amigos que tienen miedo de que te transformes en un marciano, o que “te equivoques. Sin embargo, a pesar de que te digan que es un “punto de equilibrio”, no es un punto de equilibrio en absoluto. No es un punto en el que tú te puedas sentir más cómodx, sino un espacio en el que las personas cis se pueden sentir más cómodas en su relación contigo.

Este punto de equilibrio se caracteriza por ser un punto de equilibrio “cis”, es decir, un punto de equilibrio sin tránsito, que te mantiene en el lugar que se te ha asignado. No es una recomendación para que sea tú mismx, sino el intento de que te conformes con ser quien se esperaba que fueras.

Se trata de un lugar que no te proporcionará alegría, sino ridículo y sufrimiento. Si decides quedarte en el “gris” cis, vas a empezar a vestirte de forma estrafalaria, en el intento de expresar a través de quien no eres la persona que no eres. La ropa ambigua está muy bien, pero ¿Irás a las bodas en chándal? ¿A las entrevistas de trabajo? Vas a empezar a comportarte de forma estrafalaria, tratando de expresar la personas que realmente eres con unas herramientas equivocadas. Vas a ser como un tipo que intenta comer sopa con un tenedor.

Lo que es peor, vas a estar negando tu verdadero yo, por lo que nada de esto te va a satisfacer. Muy probablemente, la gente te va a mirar con caras raras y los adolescentes te insultarán por la calle. Muy probablemente, nadie se preguntará si eres un hombre o una mujer, sino de qué manicomio te has escapado.

El “punto intermedio” trans.

No obstante, el punto intermedio existe, pero para llegar a él, tienes que moverte del lugar que se te asignó. Tienes que ser “trans”, porque el punto intermedio es un lugar de tránsito  constante. Como dice mi amigx Gabrielle Esteban (escrito en forma femenina, pronunciado en forma masculina), en el punto intermedio es donde puedes hacer lo que quieras, donde puedes ir a cualquier parte. El punto de inicio lo conocemos (es el que se te ha asignado), y cuando llegas al final, ya no puedes ir a otro sitio, sin embargo, mientras estás en el punto intermedio, puedes decidir.

Para llegar al punto intermedio, tienes que moverte tú. A veces, ese punto de equilibrio sólo se encuentra después de transicionar y retransicionar. Otras veces, lo encuentras a medida que vas viajando hacia adelante, sin saber muy bien donde vas, pero eligiendo sólo los caminos que te gustan, y abandonando sin miedo ni remordimiento los que no te hacen ser feliz.

El viaje hacia el punto de equilibrio es complicado, porque no hay un modelo establecido. No hay mapas, tan sólo tu brújula interna que te indica si vas bien o no. Vivir el punto intermedio no es una opción fácil para evitar hacer una transición “completa”. Es una transición en si misma, y de la clase más complicada que hay. Sin embargo, para quienes consiguen encontrar ese punto intermedio, se trata de una experiencia digna y muy gozosa.

A continuación, te dejo la charla que Gabrielle Esteban dio en el evento de TEDxQuito, hablando de su propio punto intermedio. Espero que lo disfrutes tanto como yo.

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