La cuestión de la intersexualidad (también llamada “hermafroditismo”) resulta muy llamativa, y al mismo tiempo, es muy poco comprendida. La información respecto a las personas intersex a menudo está mezclada con prejuicios, desconocimiento y miedo, al mismo tiempo que con mitología, sueños, y romanticismo, llegando a ser invocada por muchas personas como un ideal.

¿Quiénes son las personas intersex? En la Grecia antigua ya se hablaba de ellas, aunque se les conocía con el nombre de hermafroditas. Según cuenta la leyenda, Hermafrodito, hijo de Hermes y Afrodita, se enamoró de una ninfa que no le correspondía. Tras perseguirla durante mucho tiempo, la alcanzó y pidió a los dioses que nunca pudiesen separarse, y así los dioses los convirtieron en un solo ser con dos sexos.

No obstante, la existencia de un ser humano que tenga los dos sexos es imposible. El clítoris y el pene son la misma estructura, que se desarrolla de forma diferente. Los ovarios y los testículos también (de hecho existe un gen cuya función es la de evitar que el ovario se transforme en testículo), etc. Por este motivo, generalmente se prefiere no usar la palabra “hermafrodita”, que implica tener dos sexo completos en una misma persona, y hablar de “intersexualidad”.

Generalmente se considera que una persona es intersex cuando tiene características sexuales tanto masculinas como femeninas, aunque esta definición es demasiado amplia, ya que en ella se englobaría a toda la humanidad. Así que me voy a arriesgar a decir que las personas intersex son aquellas cuyas características sexuales con encajan ni en el modelo corporal establecido para el “hombre”, ni en el modelo corporal establecido para la “mujer”. Puede ser porque sus genitales tienen un desarrollo ambiguo, de modo que no se pueden encuadrar como de “hombre” o de “mujer” (o que no existan genitales), porque la reacción ante la presencia de hormonas sexuales no es la que se supone que debería ser (por ejemplo, personas con cromosomas XY inmunes a la testosterona), o que producen unas cantidades y tipos de hormonas inesperadas, o porque en lugar de tener una combinación de cromosomas sexuales XX o XY, tienen cualquier otra combinación distinta (XXY, XXX, XYY, X0, Y0… ¡Hay muchas!)

¿De qué sexo son las personas intersex?

El problema que las personas intersex presentan ante la sociedad, es que a todos se nos asigna un sexo en el momento del nacimiento (o antes, gracias a las ecografías), y en el caso de ellas, esto se hace muy difícil.

Vivimos en una sociedad en la que a los niños es imprescindible asignarles un sexo. No es que la criatura necesite que se le asigne una identidad sexual (ellas ya tienen su propia identidad, puesto que son seres humanos individuales, aunque tendrán que desarrollarla, y para eso dependerán mucho de las personas que les rodeen). Quienes lo necesitan son los adultos, ya que la gente no puede relacionarse con una criatura sin saber previamente de que sexo es. Si el atuendo no lo revela claramente, tienen que preguntar “¿Es niño o niña?”, y tal respuesta debe ser satisfecha. Incluso la negativa a conocer el sexo antes del nacimiento se ve con extrañeza. Si a la pregunta “¿Sabes ya si es niño o niña?” se responde “ni lo sé, ni me interesa”, es necesario acompañar una explicación más o menos coherente que, de todos modos, siempre será comprendida como una rareza de los futuros padres (o de la futura madre, más bien). Mantener esta incógnita después del nacimiento es, simplemente, insoportable para las personas que hay alrededor de la criatura.

Por eso, los médicos han diseñado sistemas alternativos de asignación del sexo para las personas intersex. Algunos están basados en estudios muy tecnológicos y sofisticados (estudios cromosómicos, ecografías, etc…) para tratar de determinar a que modelo corporal se parece más la criatura. Otros están basados en la más simple lógica, como por ejemplo, en caso de duda asignarle como niña, porque los tratamientos médicos y quirúrgicos son más sencillos, o al contrario, en caso de duda asignarle como niño, porque socialmente ocupará una posición mejor.

Así pues, en contra de la creencia popular de que las personas intersex “tienen los dos sexos”, y por tanto no pueden ser transexuales,  y tampoco pueden ser cisexuales, ya que no tienen un sexo concreto, la realidad es que las personas intersex pueden ser, a su vez, cisexuales (aquellas que están de acuerdo con el sexo que se les ha asignado), o transexuales (las que no están de acuerdo con el sexo que se les ha asignado).

Actualmente en Alemania se estudia la posibilidad de no asignar ningún sexo a los bebés recién nacidos, aunque ahora mismo la información que tengo es escasa, y viene únicamente a través de los periódicos: El País indica que los padres podrán elegir dejar en blanco la casilla de sexo, lo que sería ideal, ya que evitaría la asignación de un sexo en el momento del nacimiento, realizada por terceros. Sin embargo se me ocurren varias preguntas ¿Existiría la posibilidad de que los adultos solicitasen que se elimine la mención del sexo en las partidas de nacimiento que ya existen? ¿Esta opción existirá para todos los bebés, o sólo para los que hayan sido diagnosticados con algún “síndrome intersexual”? El Mundo,en cambio, indica que exitiría una casilla de “sexo indeterminado”, por lo que en ese caso sí que se produciría una asignación de sexo. En ambos casos, la criatura podría optar por autodeterminarse como hombre o como mujer en el futuro, al parecer, sin cumplir ningún requisito especial.

¿Por qué a las personas intersex sí las operan?

Una vez que la persona intersex ha sido asignada a un sexo, suele ocurrir que esta es operada para adecuar su cuerpo a las características del sexo asignado. Es frecuente la realización de vaginoplastias en niñas de muy corta edad… bajo el presupuesto de que son niñas.

Ante esta situación, muchas personas trans están optando por declararse “intersexuales” (el caso más evidente es el de los defensores del “Síndrome de Harry Benjamin”, un enfermedad inventada por los propios pacientes, que, según afirman estos, consiste en una feminización del cerebro de los varones, o una masculinización del cerebro de las niñas, que las hace pensar y sentir como del otro sexo, y que las convierte en intersexuales). Exigen ser tratadas y operadas del mismo modo en que se trata y opera a las personas intersex.

No obstante, la realidad es que las operaciones que se ofrecen a las personas intersex no se les proporcionan en base a una identidad de género autodeterminada, sino en base a la identidad de género asignada por otros al nacer. Es decir, se les opera y se les hormona para transformarlas en lo que se ha decidido que sean.

Esto complica las cosas para las personas intersex que, además, son trans (es decir, no están de acuerdo con el sexo que se les asignó al nacer), ya que cuando manifiestan desear pertenecer a otro sexo, tanto los médicos como la familia asumen que sus cuerpos no se parecen lo suficiente a los modelos de hombre o mujer, y que por eso están “confundidas”. Los niños y jóvenes intersex que manifiestan una identidad de género distinta a la que les fue asignada al nacer, muchas veces descubrirán que los tratamientos para asignarlos al sexo que no quieren se redoblan: más hormonas, más operaciones, y, tal vez, tratamientos psicológicos para quitarles la “confusión”.

Por tanto, no es cierto que las personas intersex reciban los tratamientos para adaptar sus cuerpos al género que sienten, sino que reciben los tratamientos para adaptar sus cuerpos al modelo que deben seguir según el género que les ha sido asignado por otras personas.

No es cierto que las personas intersex tengan dos sexos, uno correcto y otro erróneo que debe ser eliminado, ni que en la asignación del sexo de las personas intersex haya más posibilidades de “equivocarse” porque “pueden ser cualquier cosa”. Cualquiera, sea intersex o no, puede ser cualquier cosa, y el error, como siempre, consiste en asignar identidades sexogenéricas a los niños, y esperar que estos las encarnen.