Foto: Mikecogh

Me ha costado mucho trabajo escribir esta entrada de hoy. Este es el tercer intento, y debo haber escrito, hasta el momento, unos cinco folios, todos ellos descartados.

Durante esta semana he hablado con varias personas que, paralizadas por el miedo, se están haciendo daño. Se trata de una situación muy común, y de lugares comunes por los que transitan con frecuencia muchas personas trans. Algunas se estacan ahí durante meses, otras viven una agonía que dura años.

La soledad es el primer problema paralizante de muchas personas trans. Les da miedo buscar a otras que están en la misma situación. Me escriben y me hablan de sus cosas. A veces tienen dos o tres amigxs trans más, que les apoyan, o que les han desilusionado profundamente.

Las relaciones con otras personas trans son difíciles. Generalmente todas llevamos encima el peso de un pasado, de un secreto, de un miedo o de un silencio, que nos ha dejado huella. De una forma u otra hemos tenido que aprender a reentendernos a nosotrxs mismxs, a reaprender todo lo que sabíamos sobre quienes somos y por qué somos así. En algunos casos, esa labor no termina nunca, y en otros, está presidida por prejuicios y culpabilidad. Quienes vienen de familias religiosas puede que jamás se perdonen a si mismxs. Quienes han sido educados en el odio a cualquier persona que no orienta su vida a crear una familia de estilo tradicional, seguramente desconfiará del resto de las personas trans. Puede incluso llegar a asumir como ciertos los tópicos: todas las mujeres transexuales son putas. Todas las personas transexuales son vanidosas y caprichosas y sólo piensan en el sexo y la diversión. Saben lo que piensa la gente de ellas, y, lo que es peor, no pueden evitar compartir este pensamiento. En algún lugar de su interior, no pueden evitar justificar la discriminación que reciben, ni pueden evitar ejercer la misma discriminación sobre otras personas trans. Prefieren no juntarse con ellas. Cuando se juntan con ellas, si ven que son diferentes a si mismxs, tratan de cambiarlas, a veces con enfado en un gesto de autoprotección, para que no les metan en el mismo saco, porque lxs otrxs trans, lxs que son diferentes “confunden a la gente”.

Sin embargo, existen muchas personas trans en el mundo. Redes de apoyo, virtuales o reales, donde vas a encontrar cariño y guía, consejos que te van a explicar como hacer las cosas que no sabes hacer.

Una de las cosas que no sabemos es cómo pasar del yo fingido, al yo real. “No sé cómo pasar de María a Juan”*, me decía el otro día un chico por Facebook. En qué momento decir al mundo que no eres quien ellos pensaban. Cómo hacerlo. Con quien hacerlo.

No te puedo decir cómo hacer, porque cada persona es un mundo. Depende de tus circunstancias, de qué personas dependen de ti, y de las personas de las que dependes tú, de tu situación laboral, de tu edad, del lugar en que vivas y, sobre todo, de tu identidad de género. Lo que sí puedo decirte es que la gente te devuelve lo que tú transmites. Si te avergüenzas y te culpabilizas, te avergonzarán y te culpabilizarán. Si te odias, te odiarán. Si te ven débil, te atacarán, y si te ven segurx, te respetarán. Ve con la cabeza alta, y, sobre todo, date cuenta de que si algún amigx se queda por el camino, en realidad no era un amigx, y es mejor que se quede fuera.

Te puedo decir que el “cuando” para hacerlo es “cuanto antes mejor”. Las hormonas y los diagnósticos mentales no te van a facilitar las cosas en esta transición social, y la espera te va a traer sufrimiento y te va a debilitar. Te va a hacer parecer débil ante los demás.

No hay exámenes sobre transexualidad. No hay personas más o menos transexuales, ni buenos o malos transexuales. Si alguien pretende evaluarte, mándale a hacer puñetas.

Todo el mundo tiene sus circunstancias, y esas circunstancias se reflejan en tu aspecto personal. Además, todxs tenemos nuestros comienzos. Tu aspecto no es más o menos ridículo, ni más o menos digno, ni nadie tiene derecho a reírse de ti por ser más o menos pasable, o a excusarse en tu aspecto para tratarte con un género otro. Todas las personas somos dignas, y tú también lo eres.

Si necesitas ayuda médica, ve al médico. Si necesitas apoyo psicológico, ve al psicólogo. Hazlo ya, no esperes a parecer “más femenina” o “más masculino”, porque para entonces, estos profesionales ya no te van a hacer falta. Si te es posible, ve a los servicios de salud públicos. Ese psicólogo “muy bueno” que te ha recomendado tu tía Mari Puri, no tiene ni idea de transexualidad. Por supuesto, tu tía Mari Puri no te va a recomendar a un psicólogo que no sea de su confianza, pero seguramente ella tampoco sabe nada sobre transexualidad, y no tiene ni idea de lo que necesitas (¡es probable que tú tampoco lo sepas!), así que, si decides no acudir a la sanidad pública, y no conoces a ningún psicólogo, psiquiatra o endocrino de confianza, ten cuidado.

De un psicólogo puedes necesitar dos cosas: que te de herramientas para sentirte mejor, y que te haga un informe para poder empezar los tratamientos médicos y cambiar el DNI. Si el psicólogo no te hace sentir mejor, y tampoco te va a dar el informe en breve, cambia de psicólogo. Estás perdiendo tu tiempo y tu dinero.

Sorprendentemente, muchas personas trans acuden durante años a psicólogos transfóbicos quehacen todo lo posible para que repriman la expresión de su identidad de género: les recomiendan que no contacten con otras personas transexuales, que no sigan tratamientos hormonales, y que no se presenten como transexuales en público. No se atreven a hacerles un diagnóstico psicológico. En cambio, les cobran sus honorarios, después de cada deprimente sesión, sin vergüenza ni remordimiento alguno. Deja de perder tu tiempo, tu dinero y tus energías con esa persona. Aunque te lo recomendase tu tía Mari Puri, con toda su buena intención, te está tomando por imbécil (porque piensa que todos lxs transexuales somos imbéciles, claro).

Entiendo por qué haces todas estas cosas. Entiendo por qué no hablas con otras personas trans, por qué no sales del armario para todos, y por qué no buscas un médico que te ayude de verdad. Es el miedo al cambio, a no saber lo que viene después, que te ancla en esa agonía infinita cuyo final no se vislumbra jamás. No puede acabar, porque te da miedo que acabe, y no puedes seguir, porque es insoportable.

Quítate el miedo. Estás en el peor lugar posible. Sal de ahí, porque lo que hay fuera es mejor. Te espera una vida bella, llena de sorpresas y alegrías, y también problemas (pero menores que los que tienes ahora).  Si decides moverte, nunca volverás a estar tan mal como estás ahora, porque ahora ya has pagado el precio de lo que significa ser transexual (un precio en sufrimiento, muy alto y difícil de cuantificar), y sólo te falta recoger los beneficios que se obtienen a cambio. Te irá bien, lo prometo.

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