Una persona transexual es aquella que no está de acuerdo con la identidad de género que se le asignó al nacer.

Esta es mi definición, así de simple y clara. No necesito incluir la palabra “cambio”, porque las personas transexuales no vamos a cambiar nuestra identidad, sino a desarrollar la identidad que hemos tenido siempre, y tampoco utilizo las palabras “sexo”, “genitales” o “genitalidad” porque la identidad no está relacionada con lo que tenemos entre las piernas. La identidad está entre las orejas.

Sin embargo, cuando nacemos, los médicos se encargan de asignarnos una identidad de género, en función de nuestros genitales (aunque en algunas personas, la simple observación de los genitales puede no ser suficiente para asignar la identidad de género, y se recurre a otros métodos, como, por ejemplo, el análisis del ADN. Son las llamadas personas intersexuales, que pueden ser interesexuales, o no serlo, ni más, ni menos, que cualquier otra persona.

Esta identidad de género, asignada por otros al nacer, es, sin embargo, una parte importante de nuestro carácter. Esto significa que, desde el momento de nuestro nacimiento, y con la excusa de nuestros genitales, otras personas nos han impuesto una parte de nuestra personalidad, a la que se supone que nosotros nunca tendremos acceso. Es cierto que la mayoría de las veces esa previsión sobre cual va a ser nuestra personalidad acierta, pero otras veces no. Además, está demostrado que en aquellas culturas menos represivas, hay muchas más personas cuya identidad de género no se corresponde con la identidad asignada. Es probable que si viviésemos en una sociedad donde todo el mundo fuese libre para desarrollar su personalidad en el sentido de la identidad de género, esta sería una situación de lo más normal.

¿Cuales son las consecuencias de esta forma de ver la transexualidad?

La dignidad y el derecho al libre desarrollo de la personalidad están entre los primeros derechos reconocidos universalmente para todos los seres humanos ¡Incluyendo a las personas trans! Estos derechos, se encuentran recogidos en todas las declaraciones de derechos humanos, como la declaración universal de derechos humanos de la ONU, y también se encuentran recogidos en la Constitución Española, así como en casi todas las constituciones de los paises democráticos.

Todo el mundo tiene derecho a desarrollar libremente su personalidad, sin que se le impongan barreras, y sin recibir presiones. Por supuesto, la identidad de género, es decir, la consciencia que una persona tiene de ser hombre, mujer, o cualquier otra identidad de género que se pueda tener, forma parte de la personalidad. Por tanto, todos tenemos derecho a desarrollar libremente nuestra propia identidad de género, sea o no sea la que otras personas nos asignaron al nacer.

¿Y qué pasa con los psicólogos? ¿Y con la atención sanitaria?

El derecho al libre desarrollo de la personalidad va ligado al derecho a la dignidad, que es inherente a toda persona por el mero hecho de serlo. Se supone que imponer una personalidad a otra persona es indigno. Además “imponer” significa tanto el acto de la imposición en si misma (por ejemplo, a los esclavos negros en los EE.UU. se les imponía un nuevo nombre, al gusto de sus dueños), pero también significar obligar a una persona a que se mantenga en determinada situación que ya venía desde atrás.

Esto es lo que ocurre cuando no se nos permite cambiar nuestro nombre y sexo legal en un documento concreto, aunque también ocurre cuando nuestros parientes, compañeros de trabajo, amigos, conocidos, e incluso desconocidos se niegan a tratarnos conforme a nuestra identidad de género, imponiéndonos el género que se nos asignó al nacer con cualquier argumento. Los argumentos que nos dan son bastante variados, pero no lo suficiente como para que no los haya escuchado ya todos alguna vez:

– Naciste mujer/hombre, y yo te trato de esa manera.

– Hasta que no te operes/hormones, para mí eres una mujer/hombre.

– Yo te trato como siempre te he tratado.

– Nunca llegarás a ser una mujer/hombre de verdad.

Sin embargo, el principal problema para el reconocimiento del género se nos plantea al intentar cambiar el DNI, y al intentar recibir tratamientos médicos. En ese momento surge la necesidad de que vayamos al psicólogo, para que el psicólogo determine si de verdad somos transexuales, o se no será que no estamos “confundiendo”. El argumento es que el psicólogo tiene que asegurarse de que lo tenemos claro, no vaya a ser que nos estemos confundiendo y luego nos arrepintamos. Se trata de un argumento doblemente transfóbico:

– Primero: toda persona que manifieste una identidad de género distinta a la que le fue asignada al nacer se convierte inmediatamente en sospechosa de estar loca. Mientras que todos los demás están cuerdos hasta que no se demuestre lo contrario, si eres trans, es del revés: se supone que estás loco hasta que se demuestre lo contrario. Y claro, como estás loco, no se te puede dejar decidir por ti mismo, o por ti misma, porque las personas locas no saben lo que hacen, ni lo que quieren. Justo al contrario que el resto de la gente, que puede hacer lo que quiera, y que se considera capaz de tomar sus propias decisiones hasta que reciba un diagnóstico de enfermedad mental muy grave y un juez la declare incapacitada. Aún en esos casos, se considera que la voluntad de la persona mentalmente incapacitada debería ser tenida en cuenta lo máximo posible. Ademáns, dicho sea de paso, igual que hay personas que no son transexuales y, sin embaro, tienen algún diagnóstico mental, también puede haber personas trans que, además, tengan un diagnóstico mental. A ver si ahora las personas trans no vamos a poder tener problemas en nuestra vida, igual que los tiene todo el mundo.

– Segundo: cuando por fin el psicólogo ha terminado de decidir que no tienes ningún trastorno mental (los más incompetentes pueden tardar un año en decidirlo, o incluso más), entonces no te declaran mentalmente sano, sino mentalmente trastornado. La declaración por parte del psicólogo de que tu salud mental es suficientemente buena como para ser declarado trastornado mental es el requisito indispensable para poder recibir tratamientos médicos, y para poder cambiar el DNI. A veces también es un requisito indispensable para que tu propia familia y amigos empiecen a hacerte caso. Al parecer el psicólogo sabe mejor que tú, quien eres tú realmente.

¿Cómo se responde a todo esto? En principio, todas las personas estamos consideradas mentalmente sanas, incluidas las personas trans. Expresar tu derecho al libre desarrollo de la personalidad no puede considerarse nunca como un indicio o una sospecha de que puedas tener un trastorno mental. En todo caso, las personas que opinan así deberían preguntarse si no son ellas las que están enfermas de transfobia.

Sin embargo, llegados a este punto surgirán nuevas preguntas

¿Son necesarios los psicólogos?

¿Crees que cualquier persona debería poder recibir tratamiento?

¿Qué pasa si se arrepiente luego?

Si la transexualidad no es una enfermedad ¿Cómo se justifica que las personas trans recibamos tratamiento médico?

De todo ello hablaré en la siguiente entrada.

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